sábado, 22 de marzo de 2014

Prensa | Ciudad | POR LOS PASAJES, PERO EN CONTRA DEL TEJIDO

La Legislatura porteña aprobó una ley que manda que en aquellas manzanas donde una de las fachadas sea un pasaje, la altura permitida para construir será la que tenga el frente de esta última, alterando el tejido urbano.
* Por Magdalena Eggers * Arquitecta especialista en normativa
POR LOS PASAJES, PERO EN CONTRA DEL TEJIDO Una ley que acaba de aprobarse en la Legislatura porteña propone igualar la altura de edificación para todas la manzanas que tengan uno de los lados frentistas a un pasaje, con la altura de este último. A pesar de las voces que se levantaron en la audiencia pública advirtiendo el impacto que generará sobre el tejido de la ciudad, ya de por sí heterogéneo. Solo falta que se publique en el Boletín Oficial para que entre en vigencia.
 “Vías de ancho reducido” llaman a los pasajes en esta ley, que involucra a vías de ancho menor a 13 metros con tramos de hasta 5 cuadras. Según los diccionarios temáticos, un pasaje es “un paso público entre dos calles, algunas veces cubierto”, o una “calle estrecha y corta o pasadizo”.
 ¿Cómo es que surgieron los pasajes, con anchos menores a los de las calles? Casi siempre por motivos especulativos: los propietarios quisieron obtener mayor provecho en el loteo de sus parcelas, ya que al dividir las manzanas en dos o cuatro partes obtenían muchos más terrenos, aunque fueran más cortos. A escala de esas pequeñas manzanas, el pasaje fue una versión reducida de la calle. En otros casos fue directamente la intervención a nivel urbano de emprendimientos, generalmente de vivienda social, lo que los fueron generando, y surgieron barrios enteros como el Rawson o el Cafferata. En muchas oportunidades rompiendo la cuadrícula instaurada por las Leyes de Indias, como en Parque Chas. Existen además unos pocos pasajes cuyo origen particular tiene que ver con su antigüedad y no con el tamaño de las manzanas, como Paysandú al 100, o Vidal al 1500-1600. ¿Qué tiene de especial un pasaje? Su ancho reducido conforma un ámbito especial, en el que la escala humana es la protagonista, y los frentes de los edificios generan un escenario adecuado para la obra de intercambio e interrelación de sus habitantes, a decir de Jürgen Habermas. Como la altura de la edificación depende de una relación con el ancho de calle, el Código de Planeamiento Urbano lo ha protegido. También se tuvo en cuenta para los edificios de esquina, de manera que la altura permitida para las otras calles limite su presencia en el pasaje (lo que llamamos “rivolta”). Por último, por más pequeño que sea el pulmón en esas manzanas, en el contrafrente los edificios deben respetar una tangente para que las alturas autorizadas sobre las calles más anchas no impacten contra la edificación más baja del pasaje.
   ¿Cuál es el problema entonces?
MUCHAS DE ESTAS MANZANAS NI SIQUIERA TIENEN PULMÓN por lo exiguas, y se puede construir un paredón –sobre todo si la otra calle es una avenida o pertenece a un distrito más permisivo– que atenta contra el sentido común y quita toda posibilidad de asoleamiento a sus vecinos. Situación agravada por la realidad de que muchas de las construcciones no cumplen con los requisitos establecidos en el Código de Planeamiento, antes mencionados.
   ¿Qué solución se propone?
La Legislatura aprobó igualar la altura máxima permitida para el pasaje, para toda la manzana si uno de sus lados es un pasaje incluido en esta ley, solución no muy feliz si se analiza el tejido de la ciudad ya de por sí heterogéneo. O sea, si sobre la avenida Rivadavia se permiten 38 metros de altura, ésta se reducirá drásticamente a 12 metros al 5500 (lado impar), al 5600 será de nuevo de 38 m, al 5700 (lado impar) baja nuevamente a 12 y al 5900 vuelve a permitir 38 m. Nada serio. Ni parece seria la selección arbitraria de los tramos de pasajes incluidos: más de mil, algunos tomados aunque tengan más de 5 cuadras, otros no tomados aunque tengan menos de 13 m de ancho, ciertos pasajes por ser frentistas a ferrocarriles y otros descartados por el mismo motivo. Hay olvidos gruesos como los pasajes Luis Dellepiane o Mason. No parecen serios tampoco los estudios previos que llevaron adelante este proyecto, plagados de errores al tomar las alturas, los distritos, los retiros de frente y las tangentes en contrafrente. Y que evitaron además hacer un estudio del impacto que generaría esta propuesta sobre la trama urbana.
   ¿Cómo se soluciona?
Muchos de los pasajes tuvieron un estudio particular previo, y como resultado fueron protegidos como AE (Arquitectura Especial) o APH (Area de Protección Histórica). Es decir, analizados y caracterizados especialmente, en honor al paisaje en el que participan. Muchos otros simplemente se protegerían haciendo cumplir las normas.
PERO DEBERÍAN ENCONTRARSE SOLUCIONES ALTERNATIVAS PARA LOS CASOS EN LOS QUE LA MANZANA NO TIENE PULMÓN sobre todo si limitan en sus fondos con distritos de mayor densidad. Podrían, por ejemplo, existir espacios fuelle que amortigüen el impacto. Tenemos casos que sientan jurisprudencia, como el propuesto para los pasajes de atrás de la avenida Salvador María del Carril y convendría evaluar sus resultados. Hay suficientes técnicos experimentados a los que consultar para conseguir una ciudad más justa y armoniosa, que es a lo que apunta el Plan Urbano Ambiental. ¿O es mejor raparse la cabeza para que estemos todos igualitos?
25.11.2013 | Clarin.com | Opinión

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