domingo, 7 de octubre de 2012

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Grietas y fisuras
13/07/2012
Expertos en patología de la construcción esbozan un catálogo para identificar las causas de la aparición de daños en mampostería, hormigón y revoques. Cómo determinar su gravedad, diagnosticar y prevenir estos problemas.
QUEBRADO. Las contracciones térmicas
generan  grietas verticales en la mampostería

Las grietas son lesiones mecánicas que presentan un corte alargado de mayor abertura entre sus bordes que la de la fisura (de 3 milímetros en adelante), de mayor profundidad (no solamente superficial) y que pueden llegar a afectar todo el espesor del componente constructivo, generando su rotura.

Estos cortes pueden ser de origen primario, como cuando se producen por la acción directa de cargas, o se pueden deber a causas secundarias como resultado de otras deformaciones previas.

Una de las formas de caracterizar tipológicamente las grietas es a través de las causas que le dieron origen y determinando los materiales y la técnica con la que fue ejecutado el elemento afectado, pues esto contribuye a caracterizar el proceso patológico y su aspecto morfológico.

A simple vista, se pueden identificar en cualquier material las grietas de origen más común debido a sus formas tan particulares. “Las grietas en la estructura, por su posición, direccionalidad, abertura y desplazamiento relativo entre los bordes de las mismas, orientan inicialmente hacia las posibles causas que las produjeron”, admite Eduardo Murature, especialista en técnicas constructivas.

Los daños por contracción térmica se hacen presentes tanto en estructuras de hormigón como en mampostería y son causadas por cambios de volumen cuando varía la temperatura, induciendo a movimientos de contracción o de dilatación.

Generalmente en pilares y muros, las discontinuidades se manifiestan verticalmente. El recurso más habitual para prevenirlas es disponer juntas de dilatación que limiten las deformaciones.

Las fisuras ramificadas o en mapa son similares en su aspecto, con la salvedad de que son provocadas por una diferencia de gradiente de humedad.

Mientras que las lesiones por asentamientos diferenciales también son muy usuales y son causadas por el descenso o elevación diferenciado de un punto de la cimentación con respecto al resto. La causa del problema tiene que ver con la resistencia a la compresión de los suelos y a su nivel de agua. Dependiendo de la humedad, la estructura se empuja hacia abajo o hacia arriba provocando grietas verticales. “Si el empuje vertical se produce en un extremo, seguramente aparezcan esfuerzos de tracción horizontales en la parte alta que se traducen en grietas verticales en forma de V”, afirma el arquitecto Pablo Azqueta.

Si se apoya una pared muy larga sobre un terreno con poca resistencia, es posible que no se forme un arco de descarga por estar muy alejados los puntos de arranque. La consecuencia será la aparición de una grieta horizontal en el sector inferior del muro.

La rotura por aplastamiento es otra de las principales afecciones que se produce por un exceso de carga, dando origen a fisuras finas y verticales acompañadas de ramificaciones laterales. Ese aplastamiento puede producir un pandeo, si se trata de muros altos y esbeltos, mostrando grietas horizontales, con la particularidad de que serán abiertas en una de las caras y cerradas en la otra.

En los últimos tiempos se han agudizado las deformaciones por exceso de flecha, puesto que la construcción moderna tiende hacia el diseño de estructuras muy flexibles y deformables. Las flechas pueden producir aplastamientos en la parte superior de una pared, grietas en la inferior y pandeo en el centro, en forma simultánea o independiente.

“Las fallas son la expresión visible de una dificultad que presenta la estructura. Interpretarlas adecuadamente permitirá diseñar una estrategia de cura o sanación”, asegura el patólogo Enrique Sgrelli.

“Las discontinuidades superficiales del hormigón indican que las tensiones actuantes sobre la estructura superaron las admisibles de cálculo”, explica Murature. Según el especialista, por más superficiales que sean las fisuras del hormigón deben ser reparadas porque pueden facilitar la agresión de agentes corrosivos externos. En el caso del hormigón, las grietas y fisuras pueden ser el inicio de una cadena de males mayores. En las estructuras expuestas a la intemperie con recubrimientos insuficientes, suele aparecer corrosión en las armaduras, provocando una paulatina rotura de la superficie de la estructura.

Para proceder a su reparación, se debe lavar con agua a presión toda la superficie. Luego hay que golpearla con una herramienta roma de madera (particularmente en las adyacencias a las fisuras y grietas) y extraer los trozos que se desprendan. Así quedará a la vista la armadura, a la que se le debe quitar el óxido con una máquina rotativa y un cepillo de acero. Si la corrosión fuera profunda, hay que hacerlo con arenado a presión.

Para proteger las armaduras, lo indicado es emplear recubrimientos anticorrosivos (del tipo mastics de epoxiamina). Si el problema es de superficie, se deben aplicar mezclas cementicias y resinas epoxi modificadas, que trabajan también como fijador del hormigón adyacente y luego como puente de adherencia de la mezcla de reposición.

Una vez endurecida la capa anterior, se debe reconstruir la superficie de hormigón con morteros predosificados con resinas acrílicas mono componentes (solo se mezclan con agua), controlando la granulometría de la mezcla a fin de obtener en la reparación una textura equivalente.

En las superficies laterales a las fisuras que no se hayan desprendido se deben sellar las hendiduras. Para un sellado óptimo, se debe ponderar la deformación de la fisura (en su apertura y cierre) por la variación de la carga térmica solar que recibe la estructura.

La acanaladura se debe hacer cortando el hormigón con disco de diamante a 10 milímetros de profundidad. La junta debe tener un ancho igual al cuádruple del movimiento de la fisura, ya que las deformaciones admisibles de los selladores no superan el 25 % de elongación en servicio real.

El sellado incluye la colocación de un fondo de junta, el primer sellador y el sellador propiamente dicho, un mono componente de poliuretano.

Para evitar las diferencias de textura entre el sellador y el hormigón, se puede espolvorear cuarzo molido sobre su superficie.

El último paso de la reparación es la aplicación de pintura: un látex con resinas acrílicas. El hormigón visto requiere de alguna protección luego de años de exposición a la intemperie. La aplicación debe constar de una primera mano diluida al 40 % en agua, y otras tres manos de pintura pura (o con dilución máxima de un 10 %. De esa forma, se logrará un espesor final de película seca de 0,2 milímetros.

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